Ser mujer en Argentina: El cuerpo y la mirada del otro

Podemos adueñarnos del cuerpo pero no podemos controlar las miradas de los otros. Y la cuestión se complica si nos preguntamos qué “debe” cambiar primero, si ser constante con la imagen que proyecto de mi “ser”-cuerpo o si adecuarme en lo que el contexto social cambia primero.

Hay una línea fina que existe detrás de ese planteamiento del webinar Ser mujer en #Argentina. ¿Realmente las mujeres nos vestimos con pantalones cortos y con escote en los boliches o clubs porque nos sentimos empoderadas o porque se legitima vestirse así en esos espacios?

¿Acaso nos cuestionamos el origen de la mirada del Hombre? Un “ser” en un cuerpo también que “aprovecha” o “hace uso del permiso” que otorga un espacio para ligar, toquetear o ofrecer un trago a cambio de sexo. Se reprocha, se sataniza, se denuncia la mirada del Hombre pero poco vemos qué es lo que originó y perpetúa esa visión.

¿Y qué de las mujeres que muestran sus senos en las marchas de Ni una menos como un acto político? ¿A qué responde más ese acto? ¿Al mostrar un dominio de los senos, de lo oculto que es más deseado o se pierde esa intención por las miradas y juicios de otros? ¿Nos desvestimos para mostrar que podemos? ¿Para “sacrificarnos por la causa feminista” y que los medios de comunicación nos ponga en portadas?

Los cuerpos desnudos o no de cualquier sexo e identidad son objetos politizados en sociedad. El grado de molestia que sentimos es en torno a la estética, la normativa rampante de lo que se considera femenino o masculino o cuánto valor reproductivo tiene.

¿Es posible controlar la mirada cuando estamos haciendo cambios estructurales, culturales o directos?

La vergüenza y la vulnerabilidad del cuerpo son productos de la mirada de un otro. La vulnerabilidad no se acepta tanto para el hombre como para la mujer o cualquier persona de otra identidad. Siempre que se muestra la vulnerabilidad la persona se percibe como víctima. Hay un hilo conductor entre la vergüenza y la vulnerabilidad, por qué lo vulnerable nos hace rechazar lo femenino.

Si llegamos realmente a cambiar las normas exploremos la posibilidad de solicitar más allá de reconóceme como mujer, respétame como ser humano.

 

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