Introducción al Análisis Internacional Feminista: Coronavirus

¿Cómo observar la epidemia global de un virus? Esta es una continuación de la serie de  teoría del feminismo aplicada a análisis internacionales que hemos publicado en este blog.

Natalia Bonilla Social Media Graphics - 2020-02-25T003220.704

Si la teoría del Feminismo aplicada a las Relaciones Internacionales es nueva para ti, te invito a leer esta columna primero antes de continuar y el primer caso introductorio (Irán – EEUU) que publiqué en enero aquí.

En esta segunda entrega te invito a explorar tres conceptos fundamentales que deconstruye esta teoría: Hombre, Estado y Poder.

¿Nuev@ al tema del coronavirus? Mira primero este Facebook Live que grabé hace unas semanas explicando la secuencia de eventos de la epidemia aquí

¿Qué esconde una enfermedad?:  China y el coronavirus 

 Escrito por Natalia Bonilla © Copyright 2020

Desde principios de enero, el descubrimiento de una nueva cepa del coronavirus, Covid-19, ha creado pánico dentro y fuera de las fronteras de China.

Con un estimado de contagios de más de 77,000 personas y sobre 2,500 fallecidos, la Organización Mundial de la Salud ha declarado una alerta internacional sanitaria y gobiernos, empresas y organizaciones han tomado medidas económicas y de prevención ante lo que se proyecta será una epidemia sin precedentes.

El Covid-19 se distingue de las pasadas epidemias, SARS y MERS, por su capacidad de penetrar fácil las células del sistema respiratorio de las personas así como en la estructura de una superpotencia tan hermética como China.

En tiempos donde se debate si la Administración de Xi Jinping cometió violaciones a derechos humanos y al derecho internacional, es importante observar cómo las medidas económicas y prohibiciones de viaje han alimentado un sentimiento y discurso mediático anti-chino.

Esta enfermedad ha trastocado la imagen saludable de China, un Estado que hasta octubre 2019 gozaba de una influencia masculina ejemplar, presentándola débil, incompetente, torpe, mentirosa y, misteriosa y estereotípicamente… femenina.

La figura de Xi – considerado por la revista Time uno de la Era de los Hombres Fuertes– quedó trastocada cuando ofreció un discurso nacional el 20 de enero anunciando la puesta en cuarentena de múltiples ciudades -entre ellas Wuhan, donde se originaron los primeros casos- y dos semanas después cuando a principios de febrero aparecía en una serie de fotografías usando una mascarilla mientras dialogaba con un grupo de ciudadanos en una localidad no determinada.

El control y la naturaleza del poder estereotípicamente masculino de Xi han sido cuestionados por la falta de transparencia y la toma de decisiones carentes de empatía, inclusión y la vulnerabilidad.

China ha recibido muy poca ayuda internacional y organismos como el Banco Mundial no se han prestado tampoco a ofrecerla. 

De los casos confirmados al interior de China conocemos hasta la fecha que la leve mayoría son hombres, un dato significativo si tomamos en consideración dos factores: cerca del 40 % del PIB de China proviene de la industria de la manufactura (donde los hombres son la mayoría) y la creciente tensión con EE.UU. por firmar un tratado comercial que beneficie más al último que al primero.

Teorías de conspiración abundan en torno a si el Covid-19 pudo haber sido un arma biológica para atentar contra una de las principales economías del mundo afectando el sector turístico, comercial, industrial, sanitario y político.

La extensión de la epidemia a una escala global y la continua ausencia de China como actor competente para liderar la conversación para atenderla muestra una serie de comportamientos similares a los que teóricos realistas y liberales no supieron explicar con los ataques terroristas del 9/11.

¿Cómo explicar que un Estado, que se proyecta política y económicamente poderoso  (con una visión hegemónica masculina, se encierre en sí mismo para tratar la crisis respiratoria y de vida que ataca sus células?

¿Cómo explicar que un Estado con una cultura medicinal milenaria y billones de dólares inyectados al desarrollo del concepto STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) no participe activamente en la salvación, el heroísmo, la conquista de una “guerra” sanitaria que amenaza con la paz (¿y supervivencia?) del mundo?

Quizás sea porque los servicios de atención de salud es una temática propia de la economía de los cuidados, una área considerada estereotípicamente como femenina para muchos…

Quizás sea la imagen del Estado como este hombre que comúnmente busca convalecer en la privacidad de su casa y no sabe cómo se va a recuperar…

Quizás sea precisamente porque en estos temas no haya que “demostrar” poder ni “vulnerabilidad” tampoco…

¿Cómo explicar la respuesta errática de los organismos internacionales (y algunos medios masivos de comunicación) que en sus discursos liberales abogan por valores comunes de cooperación, tolerancia y paz y sin embargo, son selectivos en las regiones por ser bendecidas?

¿Quizás con China haya una excepción porque no es democracia…?

¿Cómo explicar la respuesta de ex potencias colonizadoras cuya prohibición de viajes no ha sido efectiva para frenar la epidemia ni la histeria y contempla el cierre de fronteras, el hermetismo, el rechazo de lo extranjero a expensas de que sus poblaciones se terminen enfermando aún más?

¿Quizás estas reacciones a favor del “interés nacional” permitan a los teóricos del Realismo explayarse en que los Estados no se deben a nadie sino a ellos mismos y que esta epidemia provee sustento a la anarquía sistémica?

¿Cómo explicar la escasa valoración de los ciudadanos contagiados y quienes ya han perecido más allá de los números que los representan?

¿Cómo trabajar este caso si nos aferramos a la  naturaleza del Hombre y dejamos a un lado que hablamos de… humanos?

Decía San Agustín de Hipona en su teología cristiana para el siglo IV que la naturaleza pecaminosa del Hombre (Génesis y el pecado de Adán) sería heredada por la Humanidad no porque el mal existía en sí mismo como este binario que percibimos sino por una voluntad de actuar libremente (osadía estereotípicamente masculina) contra aquello que represente la bondad (salud estereotípicamente femenino).

Esa corrupción de lo bueno e inclinación al conflicto que según San Agustín ya era parte de nuestra naturaleza hombre – humana ofreció un contexto psicológico y religioso al concepto de poder visto a través de los ojos de Tucídides unos siglos atrás y más adelante con el pensamiento de Thomas Hobbes en el siglo XVII y su famosa obra El Leviatán.

Para Hobbes, la Humanidad estaba predispuesta a siempre tener una sed de poder y esta búsqueda se manifestaría en un comportamiento competitivo por gobernar sobre otros hombres, sus esposas, hijos, tierras y posesiones.

El teórico, diplomático y profesor E.H. Carr desarrolló en el siglo XX una visión clásica del poder lo que regularía las bases del campo de estudio de las Relaciones Internacionales  años después.

Inspirado en las bases de Nicolás Maquiavelo, para Carr el concepto de poder regulaba todos los aspectos de esta ciencia política incluyendo ley y moralidad. Esa hegemonía del término sería profundizaba (y algunos dirían, ¿disputada?) décadas después por Hans Morgenthau y su discurso sobre los statesmen (los Hombres de Estado), estas figuras que en representación del Estado como Actor en el Sistema Internacional, actuaría por sus propios intereses para conseguir o mantenerse en el poder.

Este recuento teórico parecería inconsecuente con el caso en cuestión del Coronavirus y China pero no lo es si abordamos nuevas asociaciones que tradicionalmente no haríamos:

  1. La salud y/o la política sanitaria de un Estado como un símbolo o terreno de poder (¿apropiarse de lo estereotípicamente femenino y transformarlo en imagen de virilidad? ¿apropiarse del término contención -asociado a lo emocional- como una medida lógica y moral?)
  2. La decisión de figuras líderes (¿hombres?) de Estado (con posturas liberales) de cierre de fronteras, prohibición de vuelos, puestas en cuarentena, discursos anti-extranjeros, etc como un ejercicio de masculinidad tóxica donde se rechaza a la víctima, se aplasta o invisibiliza al débil y se corrompe cualquier proyección de bondad
  3. La falta de visibilidad de mujeres y otras comunidades vulnerables ¿mecanismo de protección del Estado hacia lo estereotípicamente femenino o… una forma de evitar reconocer contagios en poblaciones que puedan dar… vergüenza?

Finalmente, ¿qué decir sobre la comunidad internacional?

Si la naturaleza del Hombre es la naturaleza Humana y esta es emulada por los Estados, quizás con esta epidemia el mundo esté a punto de convertirse en un hospital saturado de contagios.

¿Te gustó este análisis? Comparte este artículo a otros colegas internacionalistas o feministas que puedan estar interesados en esta teoría y coméntame tus dudas e impresiones en la sección de comentarios.

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¿Quieres aprender más? Aquí te comparto enlaces recomendados en este blog:

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Published by Natalia Bonilla

Soy periodista y productora independiente de documentales sobre paz y género. En mi blog publico entrevistas, apuntes de viajes, actualizaciones de proyectos y despertares sobre lo que ocurre en el mundo.

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